28 noviembre 2009

El dióxido de carbono está saturando los océanos del mundo

La capacidad marina para absorber dióxido de carbono se está agotando en otra muestra de la excesiva emisión de gases invernadero propiciada por la actividad del hombre en la Tierra, advirtió un estudio divulgado esta semana por la National Geographic Society.

El informe indicó que entre 2000 y 2007, al dispararse las emisiones de ese gas, la absorción oceánica del carbono producido por la actividad industrial se redujo entre un 27 y un 24 por ciento.

“Se trata de una caída bastante grande y la tendencia es bastante clara”, manifestó Samar Khatiwala, oceanógrafo del observatorio Lamont-Doherty de la Universidad de Columbia.

La absorción del dióxido de carbono  (CO2) por parte de los océanos no alcanza a igualar la cantidad de carbono que está produciendo el hombre, añadió.

El científico aclaró que no es que haya comenzado a reducirse la absorción oceánica de CO2, sino que no está aumentando en el mismo ritmo de antes.

Y si los océanos continúan saturándose, mayor será la cantidad del gas que se mantendrá en una atmósfera que está registrando un aumento de su temperatura, indicó.

Según Chris Sabine, oceanógrafo del Laboratorio de Ambiente Marino del Pacífico, en última instancia son los océanos los que controlan lo que ocurre en el planeta en términos meteorológicos.

“Y es un gran problema si (los océanos) son menos eficientes en lo que se refiere a la absorción de CO2”, añadió.

Los mares actúan como receptáculos gigantescos de CO2 debido a que el gas se disuelve en el agua salada. En estos momentos albergan 2.300 millones de toneladas de carbono, lo que equivale a seis años de consumo de gasolina en Estados Unidos, según el científico.

En su estudio, los investigadores analizaron datos de la temperatura y salinidad del agua mar recogidos entre 1765 y 2008.

También verificaron la existencia de contaminantes como los clorofluorocarbonos que son  “ marcadores ”  que permiten determinar el tiempo que demoran en llegar desde la superficie al fondo del mar.

Sobre modelos creados con esos datos determinaron que cuando el dióxido carbono proveniente de la actividad industrial registró un brusco aumento en el decenio de 1950, los océanos recibieron una mayor cantidad del gas.

Sin embargo, los niveles de absorción descendieron en los últimos años por razones que se desconocen, según el informe científico.

Sus autores sugieren que es posible que la declinación se deba a un aumento de la acidez marina lo que disminuye la captación del CO2.

Además, el gas no puede disolverse con tanta facilidad en aguas templadas lo que explica el hecho de que alrededor del 40 por ciento del CO2 haya sido captado por las frías aguas de la Antártida, según un estudio que publica la revista Nature esta semana.

Sabine indicó que el estudio no toma en cuenta los procesos biológicos que ocurren en el mar y citó el caso del fitoplancton que capta el CO2 a través de la fotosíntesis.

Cuando ese fitoplancton muere, sus restos caen al fondo marino y se descomponen en un proceso que atrapa el carbono en las profundidades.

Según Timothy Hall, científico del Instituto de Estudios Espaciales de la NASA, hasta ahora se presumía que ese proceso no había cambiado debido al calentamiento global.

Sin embargo, advirtió de que existe la posibilidad de que al aumentar la temperatura de las aguas se desate una cadena de efectos que pudieran alterar el ciclo natural.

El científico explicó que la circulación marina tiene su origen en las diferencias de temperatura del agua y en las que las más frías y densas caen al fondo y las más tibias y ricas en nutrientes afloran a la superficie.

Ese proceso no ha estado ocurriendo con normalidad en los últimos años y es posible que se deba a un calentamiento de las aguas superficiales, según especulan los científicos.

La menor mezcla de las aguas del océano significa que son menos los nutrientes que suben a la superficie y sostienen el fitoplancton que produce la fotosíntesis sin la cual aumenta el CO2 en la atmósfera.

Sabine señaló que los océanos son de enorme utilidad para la humanidad y si se altera su capacidad de absorción del CO2 “existe el peligro de que no sirva de nada lo que se está tratando de hacer para reducir la emisión de combustibles fósiles en la atmósfera”.

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