18 octubre 2009

La Casa Blanca y el pesimismo en Afganistán

A la espera de una decisión de Obama en las próximas semanas, la opción de no enviar más soldados gana adeptos dentro de la cúpula del gobierno de EE.UU.
 
El presidente Obama se volvió a reunir ayer en la Casa Blanca con toda su plana mayor de seguridad nacional dentro del tortuoso proceso abierto para reformular la estrategia de Estados Unidos en Afganistán, siete meses después de una primera revisión y tras ocho años de guerra contra un enemigo cada vez más fortalecido. Este proceso, según confirmó el propio Barack Obama, producirá una decisión en «las próximas semanas», aunque el pesimismo parece haberse convertido en un factor destacado en todas estas deliberaciones.


Dentro del maratón de reuniones en la «situation room» de la Casa Blanca, al vicepresidente Joe Biden se le atribuye un destacado protagonismo a la hora de cuestionar el despliegue de fuerzas adicionales en Afganistán. Papel descrito ayer por el «New York Times» como de «pesimista residente» dentro de la cúpula del gobierno de Estados Unidos. Con poco eco al principio pero cosechando cada vez más pareceres a favor de reducir la misión en el frente afgano.

La posición de Biden, elegido por Obama por sus credenciales en política internacional, no deja de contrastar con su historial como «halcón» del Partido Demócrata y defensor de una mayor implicación en Afganistán. Una evolución de criterio comparable a la experimentada por la opinión pública americana, que pese a respaldar con abrumadoras mayorías la intervención afgana de la Administración Bush tras el 11-S, ahora ofrece un apoyo mínimo a la idea de enviar más tropas. De menos del 40 %, a tenor de las últimas encuestas.
Prioridades limitadas


El vicepresidente defiende mantener el contingente militar de Estados Unidos en Afganistán en sus actuales 68.000 efectivos. Pero sin asumir obligaciones como proteger a la población afgana. Según Biden, la estrategia de salida pasa por acelerar la formación de fuerzas de seguridad locales. Y concentrarse en la lucha contra Al Qaida utilizando aviones teledirigidos y comandos.

Entre la disyuntiva de enviar refuerzos militares masivos o limitarse a luchar contra Al Qaida, las deliberaciones de la Casa Blanca estarían contando también con una alternativa intermedia auspiciada por la secretaria de Estado, Hillary Clinton, y el secretario de Defensa, Robert Gates. Unión de fuerzas que resulta cuando menos sorprendente. Ya que tradicionalmente estas dos destacadas carteras ministeriales en el gobierno de Estados Unidos se han situado en polos puestos durante la toma de grandes decisiones en materia de seguridad nacional.Obama ya no hablaría de una derrota de los talibanes, sino de eliminar a Al Qaida y sus aliados extremistasA esta alianza pragmática entre los titulares de Estado y Defensa se atribuye la propuesta de enviar entre 10.000 y 15.000 tropas de refuerzo. Sin abandonar la lucha contra la insurgencia -que hasta la fecha se ha cobrado las vidas de ochocientos militares del Pentágono y otros quinientos soldados aliados- pero con un énfasis en la formación de fuerzas de seguridad locales junto a un aumento de la campaña en curso contra Al Qaida en Pakistán.

Las discusiones en la Casa Blanca también incluyen la solicitud de refuerzos a gran escala, planteada por el general Stanley McChrystal, comandante de todas las fuerzas militares extranjeras en Afganistán. Su solicitud se ha visto acompañada de advertencias públicas sobre un fracaso inminente de no materializarse sustanciales refuerzos.

Tríptico de contingentes

Esta petición habría sido formulada en tres opciones posibles: mantener el contingente autorizado por la Administración Obama de 68.000 soldados del Pentágono; enviar 40.000 militares de refuerzo; o mandar 60.000 soldados adicionales. Con el listón de 40.000 favorecido por la cúpula militar del Pentágono, incluido el propio general McChrystal.

Sin embargo, no faltan análisis militares que cuestionan la capacidad logística de Afganistán para absorber 40.000 hombres adicionales de aquí hasta la próxima campaña de primavera-verano. Con estimaciones de que solamente es posible desplegar cada mes en el frente afgano el equivalente a una brigada de combate, con unos 4.000 efectivos y todo su equipamiento.

Tras cinco reuniones al máximo nivel en la Casa Blanca, y una sexta prevista para la semana que viene, el presidente Obama se ha limitado a indicar la existencia de «un proceso muy deliberado» bajo el objetivo primordial de eliminar a Al Qaida y sus aliados extremistas. Pero sin mencionar derrota de los talibanes o la viabilidad del gobierno de Kabul.

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