08 agosto 2010

A 20 años del 'Fujishock' y de la frase "Que Dios nos ayude"

Décadas de mal manejo económico rematadas en una administración que causó un colapso, que hoy es caso de estudio, nos llevaron al borde del abismo

Domingo 08 de agosto de 2010 - 10:44 am
Por: Luis Davelouis Lengua

7 de agosto de 1990. En un par de horas mi hermano Marcel debutaría con su banda en el desaparecido bar El Tarot de Comandante Espinar. Mis amigos y yo hacíamos hora en el auto mientras mirábamos pasar a las chicas con la radio a todo volumen. De pronto, la música cesó y una inquieta voz se apoderó del aire. Era Juan Carlos Hurtado Miller, primer ministro y ministro de Economía del entonces presidente Alberto Fujimori, anunciando lo que hoy conocemos como el “fujishock”.

A los 17 años uno tiene conciencia de lo que cuestan las cosas, pero por lo general no las paga. Sin embargo, las cifras que enumeraba el nervioso hombre eran de locos: el galón de gasolina de 84 octanos (estábamos en auto) subiría de I/.21.000 a I/.675.000 (30 veces más) desde esa medianoche. Luego, las palabras sepulcrales: “Que Dios nos ayude”.


Llegué al bar y se lo conté a mis padres. No me creyeron. “Debes haber escuchado mal”, me tranquilizó mi padre y la noche transcurrió sin mayores sobresaltos.

CUATRO MUERTOS
 
La ciudad se levantó gris y vacía. En la radio reportaban algunos disturbios e intentos de saqueo que fueron desalentados en su mayoría por patrullas militares y la declaratoria de emergencia en 11 ciudades. En total, cuatro personas murieron esa mañana.
Mi madre, como casi todas las personas, no sabía qué hacer: la mayoría de los negocios estaban cerrados porque no se sabía cuánto cobrar, el transporte público elevó sus precios de manera exorbitante debido al alza de la gasolina y muchas personas debieron caminar o compartir tolvas para llegar a trabajar.

El primer gobierno de Alan García había subsidiado absolutamente todos los precios en tal magnitud que cuando Fujimori los cortó de golpe los precios se dispararon a la estratósfera: una lata de leche pasó de costar I/.120.000 a I/.330.000 (175% más); un kilo de papa de I/.65.000 a I/.250.000 (284%) y así por el estilo.

El pan francés, el alimento abanderado de las economías menos favorecidas de los tiempos modernos (pan y agua), pasó de costar I/.9.000 a I/.25.000 de un día para otro. Sin embargo, las alzas fueron aun más bruscas en los servicios (el agua, el teléfono y el suministro eléctrico subieron entre 20 y 30 veces). Era terrible pues todo subía, menos los sueldos. “Precios japoneses y salarios africanos”, fue la frase tras una época en el que la inflación llegó a 50% al mes y los precios se incrementaron en 21.000%. Para 1993, la inflación anual había caído a 33%. De locos.

¿QUÉ FUE LO QUE PASÓ?
 
La bibliografía al respecto es extensa y el peruano se ha convertido en un caso de estudio de lo que se hizo mal, lo que no debió hacerse y la salida dramática a la que nos vimos obligados.

“Esto demuestra que solo reaccionamos cuando estamos al borde del precipicio”, afirma el economista Roberto Abusada, ex viceministro de Economía.

“Todo estaba subsidiado, la autonomía del Banco Central de Reserva no existía y a cualquier llamada de Palacio de Gobierno o del Ministerio de Economía este procedía a realizar emisiones inorgánicas de moneda que se trasladaban a los precios prácticamente de inmediato [...] los subsidios y el déficit fiscal fueron financiados con este mecanismo y gastando las reservas internacionales [...], había un desbarajuste brutal en las políticas fiscal y monetaria, la recaudación cayó a 4% del PBI [hoy está alrededor de 14,5% y nos parece baja] y había varios tipos de cambio (MUC)”, explica Pablo Secada.

Por eso, para cuando fue la hora de pagar, no había con qué. Incluso, el índice de productividad llegó a retroceder 4%. Es decir que si la economía hubiera crecido 2% o 3% , tenía ese 4% en contra que hacía el crecimiento negativo en la práctica.

“No hubo otra manera que la del shock, porque no había con qué financiar cualquier otra alternativa como la que planteaban los “Siete Samuráis” [como se apodaba al equipo de asesores de Fujimori cuando todavía renegaba de aplicar una medida tan drástica y radical]”, agrega Secada.

Veinte años después, el crecimiento económico ha sido 5,5% en promedio al año, la inflación es de un dígito y no remamos contra nosotros mismos. ¿Dios nos ayudó o el escarmiento sirvió? Después de todo, ese galón de I/.675.000 hoy solo costaría S/.0,675.

MÁS DATOS
 
El plan original del ex presidente y actual reo Alberto Fujimori no contemplaba una medida tan drástica bajo ningún escenario. Solo cuando quiso acercarse en busca de apoyo al Gobierno Japonés y este se la condicionó a la reinserción y aceptación por parte del Perú de las recetas del Fondo Monetario Internacional (FMI) fue que se produjo el durísimo ajuste.

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